
Momentos antes de dar el
banderazo de salida a la última ruta oficial de
la temporada 2006
Foto: Joaquín
Como viene siendo habitual de esta formación
cicloturista de Badajoz, Guadalupe sería
escenario una vez más de la última ruta oficial
de la temporada que concluye. Por segundo año
consecutivo, el Club Ciclista Santa
Isabel, cuya sede se encuentra en la
Barriada de la Estación estuvieron acompañados
por jóvenes integrantes de la Escuela
Pacense de Ciclismo.
PRIMER DÍA
En la rotonda que une el Puente Viejo
con la Avenida de Carolina Coronado, lugar donde
los socios y simpatizantes del Club Ciclista
Santa Isabel inician sus marchas cicloturistas
semanales, era de nuevo el punto de encuentro
para esta última salida de la temporada 2006.
Poco a poco iban llegando las personas que
tenían previsto realizar ese sábado los 140
kilómetros que separan Badajoz de Trujillo,
final de la primera de las dos etapas de las que
componían esta marcha.
Algunos miembros habituales del club, jóvenes de
la Escuela Pacense de Ciclismo y otros
aficionados a título personal quisieron unirse
al grupo para practicar su deporte favorito y
que en total estuvo compuesto por unas treinta
cicloturistas.
Mañana de sábado soleada aunque el viento fue
compañero inseparable de los ciclistas durante
todo el día. Sobre el terreno los responsables
de la marcha decidieron cambiar el itinerario
previsto en un principio, cuya primera población
de paso era La Roca de la Sierra, pero la ruta
fue desviada por Montijo (por la zona de
canales).

Fernando Nacarino conduce el grupo camino de
Montijo, por la zona de canales. Foto: Joaquín
Dos vehículos de la Escuela Pacense, uno
conducido por Adelaida y el
otro por el dúo Higinio FP y
Joaquín; y la furgoneta de la
empresa Angraguisa llevada como
no por el incombustible Ramón y su padre como
copiloto, acompañaron y aliviaron las fatigas de
los esforzados deportistas. Puedo asegurar, como
participante en la marcha, de la tranquilidad y
“oxígeno en estado puro” que más de una vez nos
proporcionaron estos magníficos auxiliares de
equipo cada vez que eran reclamados. Gracias
compañeros y compañera.
Transcurridos los primeros 95 kilómetros con
absoluta normalidad y a un ritmo tranquilo
llegamos al lugar elegido para avituallarnos,
que era el de costumbre cuando se escoge esta
ruta, el Cruce de las Herrerías.
No faltó la camaradería y buen ambiente, en
general durante toda la jornada.

El Cruce de las Herrerías. Lugar conocido (y
deseado) por los cicloturistas habituales de
esta ruta. Foto: Joaquín
La primera dificultad importante se acercaba,
subíamos hacia Montánchez, sin pasar por el
pueblo. Allí se reagrupaba de nuevo el grupo
para dar el último tirón hasta Trujillo. Para
entonces, más de dos habíamos sido víctimas del
coche escoba. ¡Bendito seas, coche escoba!
En Ruanes, a poco menos de 20 kilómetros del
final de la primera etapa, la Escuela
Ciclista “Francisco Pizarro” de
Trujillo, con uno de sus principales “baluartes”
a la cabeza, Juan Andrés Sánchez
más conocido por su tierra como Juan Andrés el
de la Bici, tuvieron el bonito detalle de
esperar al grupo que venía desde Badajoz, para
acompañarlos hasta su bella población. ¡Gracias
colegas!

La Escuela Ciclista "Francisco Pizarro" (de
color azul) tuvieron un gran detalle con la
gente que venía desde Badajoz. Foto: Joaquín
Llegada sin ningún contratiempo a
Trujillo donde nos esperaba el
Hostal León, lugar de descanso de los
“guerreros del asfalto”
Tras la merecida cena procedimos a la obligada
visita turística (y nocturna) por esta preciosa
población cacereña cuna del descubridor del
Perú, Francisco Pizarro. Otros pagamos la
novatada de pasar la noche con música celestial
de fondo (en forma de ronquidos con un volumen
impresionante).
SEGUNDO DÍA
Nuevo día soleado y más caluroso que el
anterior. ¿Volveríamos a renovar esas marcas
estilo “agromán” que tanto nos gusta lucir a los
cicloturistas? Parecía que efectivamente pronto
nos iba a pegar el sol más de lo normal para las
fechas que eran.

El pequeño pelotón a su paso por Zorita.
Foto: Joaquín
Se comenzó a pedalear con tranquilidad, se
notaba la paliza de la primera etapa. Poco a
poco iban cayendo los kilómetros entre
comentarios y bromas de lo acontecido la jornada
anterior, hasta casi sin darnos cuenta llegamos
a Logrosán, población donde teníamos previsto
avituallarnos.
Estábamos cerca de Cañamero, una de las subidas
del día. La otra era la de Puerto Llano, a unos
10 kilómetros de nuestro destino. En este punto
se volvía a reagrupar el pequeño pelotón para
llegar todos juntos a Guadalupe. Poco después
nos pasaba el autobús que venía desde Badajoz
con nuestros familiares. Ninguno de los
asistentes sufrimos percance alguno aunque por
no faltar ningún ingrediente hubo quién a menos
de 1 kilómetro del Monasterio partió el cambio y
tuvo que subirse al furgón de apoyo.

La llegada a Guadalupe. Objetivo conseguido.
Foto: Joaquín
La llegada a Guadalupe fue muy bonita, como
siempre. Había muchos visitantes debido al
espléndido día que salió. Allí estaban los
nuestros aplaudiéndonos y nosotros deseando
echar pie a tierra.
Como también es tradición en este club, el más
veterano de sus componentes debe “bautizar” a
los que hacen por primera vez esta ruta, en la
fuente que está justo delante del Monasterio. El
maestro de ceremonia fue Biri, un socio que
lleva más de 20 años en el club, aunque ya no
seré nunca más su compañero de habitación. Pero
si su amigo.

Biri, uno de los más veteranos del club,
bautizando a los novatos (en este caso novata),
auxiliado por Ángel Masero (por si alguno se
revolvía). Nieves recibe la bendición urbi et
orbi. Foto: Joaquín
Una vez guardados las bicicletas y
equipajes en los vehículos de apoyo y tras la
reconfortante ducha, procedimos a recuperar
fuerzas en el Restaurante Alfonso XI.
¡Qué rica está la morcilla de Guadalupe!
En definitiva dos días de convivencia y ciclismo
que sobre todo los más jóvenes guardarán como un
bonito recuerdo y a buen seguro repetirán. |